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Pedro Antonio Saad: Vigencia de su pensamiento y acción proletaria

Por  Leonardo Espinoza

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Con motivo de haberse recordado el 19 de mayo pasado, 100 años del natalicio del c.Pedro Antonio Saad Niyain, quien fuera Secretario General del Partido Comunista del Ecuador y Presidente-Fundador de la Confederación de Trabajadores del Ecuador, la Asamblea Nacional, el Ministerio de Cultura, la Universidad de Guayaquil, la Confederación de Trabajadores del Ecuador CTE, la Confederación de Pueblos y Organizaciones Indígenas y Campesinas del Ecuador FEI, y el Partido Comunista del Ecuador, han realizado (y siguen realizando) una serie de eventos como homenaje a quien fuera  el dirigente más destacado del movimiento comunista y obrero en nuestro país.
Hoy reproducimos un artículo publicado en mayo de 1990 por Leonardo Espinoza en la Revista Ecuatoriana de Pensamiento Marxista, el cual pese a haber sido publicado cuando vivíamos otros acontecimientos nacionales e internacionales  no deja de  reflejar el pensamiento y acción de Pedro Saad.

El rol histórico de la clase obrera


Las consideraciones que explican científicamente el papel histórico de la clase obrera son expuestas con lucidez y justeza por Pedro A. Saad. Su multifacética obra teórica e histórica constituye, en la hora presente, una fuente vivificadora para el quehacer sindical y político del movimiento obrero ecuatoriano.
Saad parte del principio marxista fundamental de que, en las sociedades en las que rigen relaciones sociales de producción antagónicas, la lucha de clases constituye el motor fundamental del progreso histórico. En la sociedad capitalista, en cuyo escenario se reproduce la clase obrera, su misión histórica lo sintetiza en “la destrucción del sistema de explotación del hombre y su sustitución por el sistema socialista, en que  desaparezca la explotación de hombre por el hombre”*.
La tesis estratégica para que la clase obrera pueda materializar su proyecto histórico es la conquista del poder político y la implantación `de un gobierno revolucionario, popular, democrático y patriótico.
El, papel dé clase dirigente del proceso revolucionario, asignado al proletariado obrero obedece a que es la clase fundamental dominada en el modo de producción capitalista y, que, en el caso específico de nuestra formación económica y social, adquiere un carácter oligárquico en lo interno, y dependiente del imperialismo en lo externo.
La revolución social y nacional liberadora y su transformación en revolución socialista cuya misión es desestructurar todas las formas de explotación y estructurar todas las formas de cooperación para construir la nueva sociedad plena de solidaridad, bienestar, independencia, paz y progreso necesario, corresponde a la clase obrera con los campesinos como su aliado principal, además de la participación de­ artesanos, empleados, profesionales, estudiantes y pobladores, configuradores de las fuerzas sociales capaces de luchar por la construcción de la nueva sociedad.
Él papel dirigente de la clase obrera, manifiesta Saad, está, sustentado por su ideología, organización y combatividad; papel que asume a través de la lucha consecuente y firme en defensa de los explotados en su conjunto. Constituirse en clase dirigente al calor de la lucha de clases, es decir en la práctica social es su deber, para no caer en el burocratismo, o economicismo sindical, o en el oportunismo político de esperar realizarse como clase liberada por una concepción idealista de la historia.
Cada vez es más claro que tan sólo a través de la lucha de clases es posible, superar el vigente régimen capitalista oligárquico y dependiente y, cualquier proposición por modernizarlo socializarlo y humanizarlo pregonando la concertación social o el pacto social entre supuestos sectores sociales no pasan de ser espejismos de concepciones burguesas reformistas que pretenden desconocer la existencia de una sociedad esencialmente antagónica.
La existencia de una sociedad-clasista es la base de las reflexiones teóricas de P.A.S., afirmando que la clase obrera no puede emanciparse e impulsar el progreso social en el contexto de la sociedad capitalista por lo que “para solucionar definitivamente sus problemas tiene que ir al Socialismo, a la destrucción de toda forma de explotación, a la sociedad sin clases, con lo que liberará a  todo el pueblo”.

El movimiento sindical y la lucha de clases


El eje central para comprender científicamente la existencia y el papel del movimiento sindical, manifiesta Saad, es la lucha de clases y “la determinación de las condiciones en las que la lucha de clases se desarrolla en un momento histórico dado y en un país determinado”, en los tres escenarios o niveles en los que se producen las contradicciones o enfrentamientos: el económico, el político y el ideológico.
La lucha económica, desde la óptica de los explotados, nos expresa el dirigente proletario, es “la lucha de los obreros, de los empleados, de las masas trabajadoras en general, por mejo­ras en el nivel de su vida”; pero lo más trascendente en su concepción sobre la lucha económica no esta en plantear simplemente el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores, que juzgaba obviamente trascendente, sino que lo englobaba dinámicamente en una estrategia orgánica de aglutinamiento de los asalariados en sindicatos, comités de empresa y asociaciones como una instancia no solo para defender sus reivindicaciones inmediatas sino principalmente para provocar una toma de conciencia clasista de los trabajadores, educados a través del enfrentamiento directo con la burguesía o el Estado que la representa.
La lucha económica, en un contexto clasista, guiado por el pensamiento, de P.A.S., ha sido una de las preocupaciones cotidianas de la CTE. En la hora presente, convulsionada por la crisis prolongada y general del capitalismo oligárquico y dependiente, en nuestro país, ésta provoca una permanente erosión del poder adquisitivo de los sueldos y salarios, lanza a la desocupación a miles de trabajadores, mientras una cada vez mayor número de la población económica activa se encuentra en la subocupación, en las fronteras de la miseria y la desesperación.
1De allí la gran importancia que reviste para el movimiento sindical ecuatoriano, en la angustia social presente, desplegar intensa y extendidamente la lucha económica para lograr por lo menos que no se continúen deteriorando las condiciones de vida y trabajo, en una situación histórica en la que el logro de metas de mejoramiento, prácticamente son inalcanzables. Para ello es necesario “movilizar a las masas, llevarlas a la organización, crear en ellas la conciencia de clase”.
Pero, a su vez, nos dice Saad, el movimiento sindical no puede ser contemplativo o aislarse de la lucha política, ya que su acción es parte integrante y trascendente en el proceso de liberación. Siendo la cuestión central de esta lucha la toma del poder para implantar un gobierno popular y democrático, toca a la clase obrera y a los trabajadores organizados ocupar las primeras líneas en esta batalla fundamental.
La experiencia histórica a nivel mundial nos demuestra que las clases dominantes no renuncian voluntariamente al poder político, todo lo contrario se aferran a él y lo defienden por todos los medios posibles, aplicando la violencia estatal, el engaño ideológico o el chantaje empresarial para impedir que los creadores de los bienes materiales y de los servicios sociales conquisten su proyecto histórico.
Saad como conductor político es reiterativo en su afirmación de que no podemos hablar de revolución sino se cuenta con la clara y firme participación del movimiento sindical en la lucha por el poder, consecuentemente la acción de los sindicatos no puede estar alejada de la lucha por la transformación nacional liberadora que, en los actuales momentos, asume las características de popular, democrática, anticapitalista y antiimperialista.
Para garantizar su rol histórico, según el dirigente comunista, los sindicatos requieren cumplir tres condiciones básicas:
“La primera condición fundamental, es mantener la independencia de clase de los sindicatos.
Una segunda condición para que los sindicatos ocupen el lugar que les corresponde en la revolución nacional liberadora es el forjamiento de la alianza obrero-campesina.
Una tercera condición a través de la lucha: la elevación sistemática de la conciencia de clase de los trabajadores”.
En la actual etapa de la lucha de clases en nuestro país, la aplicación consecuente de estas tres condiciones son fundamentales y prioritarias para el desarrollo del movimiento obrero ecuatoriano. Traducida a las urgencias de la clase obrera de dar respuesta a los señuelos del reformismo burgués podríamos simplificarlas en tres consignas: NO a la concerta­ción social, SÍ a la unidad orgánica, SÍ a la lucha política e ideológica del proletariado.

La unidad de los trabajadores: necesidad y contenido clasista


En el tratamiento explicativo de lo que es y cómo debe caracterizarse el contenido y proceso de la unidad en el movimiento de los trabajadores, aflora luminosamente el pensamiento   y recorre con solidaridad la práctica sindical y política de Pedro Saad.
Profundo y visionario investigador y militante de la historia proletaria nacional y mundial, comprende que la unidad es en sí mismo el proceso de lucha de los trabajadores por sus reivindicaciones económicas y sociales, por el mejoramiento de sus condiciones de vida, trabajo y cultura, por sus aspiraciones políticas. La unidad es concebida como asociada a su contrario referente: la oposición y, por lo tanto, significa simultáneamente solidaridad clasista entre iguales y lucha clasista entre desiguales en el contexto de la polarización entre explotadores y explotados.
En una perspectiva histórica nacional afirma con certeza  que “los trabajadores ecuatorianos han sentido la necesidad de la unidad desde hace mucho tiempo. Es algo que brota del movimiento en que a través dé un duro proceso de lucha se ha ido, forjando la unidad de los trabajadores en nuestro país”. Desde este punto de vista, nos dice que tenemos que mirar toda la evolución del movimiento sindical ecuatoriano, “como una obra construida por toda la clase trabajadora del Ecuador... la obra de los viejos dirigentes del movimiento sindical y de los nuevos dirigentes. Es una obra colectiva de nuestro pueblo, de nuestra clase, para concluir que la unidad es la hermosa obra de creación del movimiento de los trabajadores de nuestra Patria”.
La unidad como proceso histórico, como combate diario de los desposeídos crece y se consolida al calor del enfrentamiento producto de las contradicciones clasistas. La lucha de clases no solo es el motor de la historia sino el generador de una unidad más profunda, solidaria y consciente; es por ello que “cada vez que la lucha popular ha ascendido, ha ascendido también el espíritu de organización y de unidad de las clases trabajadoras del Ecuador”.
Por lo tanto la unidad no es algo etéreo o abstracto, por el contrario, es algo concreto, específico, que surge con la lucha y se desarrolla en la lucha de los trabajadores: “Si se tratase de la unidad por la unidad, nada más fácil que lograrla. Nos bastaría renunciar a todo, inclusive a los conceptos fundamentales de nuestra concepción del mundo y del papel de los trabajadores”; pero no se trata de eso, se trata de un proceso real, irrenunciable e imprescindible en la lucha por la liberación social, por la construcción de un nuevo camino de y para la clase obrera y sus aliados, abandonando el vía crucis de la dominación burguesa.
Allí donde se reproduce el capital, allí donde se concreta la explotación, allí surgen las necesidades de los trabajadores de organizarse para resistir en un primer momento y para vencer finalmente. La explotación se da en cualquier espacio, reducido como en una fábrica, ampliado como en un país, generalizado como en el sistema capitalista, por consiguiente la unidad adopta similares connotaciones: “Hacemos unidad de acción orgánica, provincial, nacional, mundial, de cualquier clase, para luchar por mejores condiciones de vida de los trabajadores, por elevar sus salarios, por contratos colectivos ventajosos, por una mejor seguridad social, por alcanzar derechos sindicales y democráticos generales más amplios, para lograr la liberación del yugo impe­rialista que lo oprime, para alcanzar una transformación definiti­va, progresista de nuestro país y del mundo”. Es decir la unidad es la aplicación del principio de la solidaridad proletaria, local, nacional e internacional para enfrentar y superar la unidad bur­guesa conformada para justificar la explotación de la fuerza de trabajo.
Este enfoque nos permite visualizar la evolución de la unidad del movimiento sindical mundial que confluye en la constitución de la FSM, el movimiento sindical, latinoamericano que concurre a la creación de la CTAL y del movimiento sindical ecuatoriano que se aglutina en torno a la fundación de la CTE. Saad supo comprender que la unidad de la clase obrera, además de un proceso es también un problema organizativo, avanzando desde el nivel primario como un sindicato que es “el puntal fundamental de la acción de nuestra clase”, pasando por las organizaciones de segundo grado de carácter sectorial o por rama de trabajo afín o de ubicación espacial como la federación provincial, hasta culminar en la organización de tercer grado o forma superior como la central nacional: “en ellas los trabajadores de las distintas ramas, de las diversas actividades despliegan conjuntamente su lucha, llegando a involucrar a los trabajadores de todo un país, con todas las consecuencias que de ello se derivan: mayor amplitud en la lucha, posibilidad de planteamientos de objetivos más elevados, formas de lucha más enérgicas, victorias más profundas, que pueden ser decisivas para la transformación revolucionaria del país y para la liberación del pueblo”.
1La unidad combativa y consciente de los trabajadores resulta un arma mortífera en oposición a la dominación capitalista e imperialista, por lo que los enemigos de clase tratan por todos los medios de impedirla, de debilitarla y de ser posible destruirla, bien sea mediante la infiltración de agentes en el movimiento sindical que predican la paz social, la colaboración o concertación de clases, que “ponen de rodillas a las organizaciones de trabajadores ante los patrones; que abandonan la lucha por los grandes objetivos del proletariado, y se limitan a reformas intrascendentes que no conducen a la solución de los problemas vitales” o, bien sea mediante prácticas divisionistas creando federaciones o centrales que predican el apoliticismo y la concertación social a pretexto del sindicalismo libre.
Por ello resulta imprescindible indagar en la historia del movimiento obrero ecuatoriano, especialmente desde los años 60, para ubicar los obstáculos colocados por el imperialismo, las clases dominantes y el Estado para impedir el proceso de unidad y desarrollo de la lucha del sindicalismo clasista y especialmente la ampliación y fortalecimiento de la CTE:
“La Confederación de Trabajadores del Ecuador, por ser el organismo más importante entre las organizaciones sindicales del país, es objetó de redoblados ataques que vienen desde todos los ángulos, de todas direcciones, y si no conocemos los antecedentes, la historia de ella, no podemos rebatir con firmeza esos ataques”.
Los trabajos de P.A.S. sobre sindicalismo y movimiento obrero se orientan principalmente a la tarea de-educar a la clase obrera en la importancia de la unidad de los trabajadores y ponerlos alerta ante las campañas de desorientación, de propagandas extrañas a sus intereses, de oportunismo o sectarismo, de concepciones apolíticas en unos casos o de extremismos políticos en otros, de concertación social o de ultrismos verbalistas que agentes infiltrados o posiciones extrañas a la práctica sindical o política de clase desorientan al movimiento obrero, desarticulando o dividendo, desviando o desfigurando el proyecto histórico de los trabajadores.
El proceso histórico de constitución de la unidad de los trabajadores ecuatorianos
Pedro Saad se autointerroga: ¿dónde están las primeras etapas en el reciente proceso de unidad de los trabajadores? -se refiere a la constitución de la CTE-, para autoresponderse que ellas se encuentran en el Primer Congreso Nacional de Trabajadores, reunido en Quito en 1909, que si bien fue un Congreso de corte mutual y conciliador de las relaciones obrero patronales, debido a que “la mayoría de las organizaciones son entonces de artesanos, de pequeños maestros y no de clase obrera; lo que tenemos hasta entonces como clase obrera era sólo los obreros ferroviarios y portuarios y son ellos, precisa mente, los que despliegan las primeras luchas huelguísticas”.
La construcción de la unidad sindical avanza con la realización del Segundo Congreso Nacional de los Trabajadores en la ciudad de Guayaquil en 1920, Congreso que discute ya la formación de una Central Nacional y sienta las bases para su futura estructuración, además de que se adopta la importan resolución de formar “sindicatos” en todos los lugares de trabajo, aunque sin una idea clara todavía de lo que era este tipo de organización. Pero había el anhelo, el deseo de formarlos. Era el espíritu de lucha que vibraba en la clase trabajadora del Ecuador; era el espíritu de unidad que surgía en ella”, nos dice el dirigente obrero.
Al fragor de las huelgas, movilizaciones y manifestaciones de octubre y noviembre de 1922 en Guayaquil “surgió la unidad de los trabajadores, unidad que se hizo en el combate, en la acción”, a pesar de que la clase obrera ecuatoriana aún no tenía conciencia de clase, y que carecía de su partido político.
Es tan sólo a mediados de los años 30 que se aprecia un ascenso rápido de la organización sindical y la generalización las luchas obreras, iniciándose la etapa definitiva hacia la unidad, orgánica de los trabajadores ecuatorianos. Así, en 1935, reúne en Guayaquil una Conferencia Nacional de Trabajadores, a la cual concurren delegados de diversas zonas del país; debaten allí los problemas más agudos de la clase, se examina la plataforma de lucha; se forman dos comités de unidad de los trabajadores, uno en la Costa y otro en la Sierra, encomendándose a ellos la convocatoria de un Congreso de los trabajadores ecuatorianos para formar una Central Nacional, pero las condiciones no habían madurado todavía para la formación de una unidad orgánica poderosa del movimiento obrero.
La lucha continúa con mayor combatividad y con mayor claridad clasista por esos mismos años como lo prueba la huelga de los trabajadores mineros de la empresa norteamericana usufructuaria de los yacimientos auríferos de Portovelo, huelga convertida en “uno de los más heroicos episodios de la lucha de nuestra clase en el país, que debe ser recordado y que merece ser analizado profundamente por las hermosas lecciones que encierra”.
En el contexto de esta coyuntura de ascenso de la lucha de clases emerge la personalidad política y sindical de Pedro Antonio Saad, combatiendo a la dictadura de Federico Páez en el momento de su viraje represivo, antipopular y anticomunista. Contrariamente a lo que se esperaba, de continuidad de la línea, de su predecesor, con el advenimiento de la dictadura de Alberto Enríquez en 1937 “se produjo un viraje de gran importancia, iniciándose una  etapa en que se avanza en el proceso democrático y en que el movimiento sindical ecuatoriano da grandes pasos hacia adelante, logrando conquistas de gran importancia; regresan los desterrados y confinados por disposición de Páez como fue el caso de P.A.S. son puestos en libertad los presos políticos; cesan las persecuciones; se estructuran en Guayaquil y en Quito, las Uniones Sindicales de Guayas y Pichincha, que agrupan a los más poderosos y combativos sindicatos y que emprenden en una activa labor de organización, propaganda y lucha, más allá incluso de sus propias provincias.
En estas condiciones, los que militamos en el movimiento sindical, nos reseña Saad, creíamos llegado el momento de impulsar en forma decidida y definitiva la unidad sindical en el Ecuador, planteándonos la realización del Tercer Congreso de Trabajadores del Ecuador en la ciudad de Ambato en 1938. Este Congreso constituye “uno de los grandes hitos de nuestra historia sindical y tiene que ser reivindicado con todo el honor que se merece”.
El Tercer Congreso conformó la Confederación, Obrera del Ecuador, aunque lamentablemente su dirección cayó “en manos de oportunistas”, que no desplegaron las luchas sindicales y por el contrario entraron en componendas con los grupos patronales y con los gobiernos reaccionarios y antipopulares. A pesar de esta realidad, negativa para el movimiento obrero, la lucha clasista no se paralizó, todo lo contrario al calor de la formulación, defensa y aplicación del Código de Trabajo en ese mismo año de 1938 se desarrolla más aún la organización sindical, contando con la activa participación de P.A.S.
1La formación de los primeros Comités de Empresa, al amparo de las disposiciones del Código de Trabajo, abrió mayores perspectivas en la lucha por la .organización sindical y la conquista de mejoras laborales, ya que “el Código daba a los Comités de Empresa la representación legal de todos los trabajadores, a diferencia de lo que ocurría con los sindicatos; les daba el derecho a declarar la huelga, a firmar contratos colectivos, a participar en las utilidades de las empresas, sistema que se cambió más tarde, justamente para golpear el interés de los trabajadores en formar sus organizaciones”.
Frente a este empuje del movimiento sindical clasista, los empresarios conservadores que veían perder su influencia en los sectores laborales, especialmente en los gremios artesanales, promovieron en 1938, con el auspicio clerical, la constitución de la CEDOC “con el propósito de golpear al movimiento sindical desde fuera, así como se lo golpeaba desde dentro con el cohecho realizado sobre los dirigentes de la Confederación Obrera del Ecuador”.
La creación de la CEDOC, al igual que en la primera etapa de la CEOSL, son centrales que se diseñaron para quebrar el avance del sindicalismo revolucionario, rechazando uno de sus principios fundamentales como es la lucha de clases “y predicando por el contrario, la colaboración de clases, como un medio de desorientara las masas laboriosas del país”.

Insurrección popular y fundación de la CTE


Pero las maniobras reaccionarias no pudieron quebrantar el proceso de lucha de los trabajadores ecuatorianos, especial­mente de su núcleo central, la clase obrera, que avanzaba inexorablemente a la constitución de su propia Central, con el apoyo solidario de la CTAL, especialmente de su Presidente, Lombardo Toledano, quien estuviera en Guayaquil en octubre de 1942 asesorando la realización de un nuevo Congreso Nacional de Trabajadores cuya tarea central fuera la fundación de la CTE. A este trascendental salto cualitativo en la historia del movimiento obrero ecuatoriano, Saad dedicó gran parte de su actividad y de su pensamiento.
El IV Congreso fue convocado para marzo de 1943 en Quito, en medio de una situación de crisis nacional  provocada por la derrota militar y la desmembración territorial del 41, mientras el gobierno corrupto y entreguista de Arroyo del Río se mantenía en el poder en base de la represión. Este gobierno, naturalmente estaba opuesto a. la realización del Congreso de los Trabajadores y, al día siguiente de su funcionamiento, no pudo continuar sus deliberaciones ya que fue disuelto por el ejército, siguiendo expresas instrucciones del presidente Arroyo.
“A quienes orientábamos el movimiento unitario de los trabajadores, nos dice Pedro Saad, no nos cogió de sorpresa la actitud del gobierno. La esperábamos y estábamos preparados a dar la respuesta certera.... Impedidos de reunirse la totalidad de los delegados, se realizaron reuniones parciales por provincias. Cada una de ellas designó un camarada para integrar un Comité Coordinador de los Trabajadores, al  que se encomendó continuar la labor de organización y de lucha, a pesar de que muchos de nosotros, nos relata P.A.S., fuimos a parar por algunos meses a la cárcel”.
Liberado Saad, en agosto de 1943, se dedicó a la tarea de aglutinar los comités coordinadores en un solo Comité Nacional de los Trabajadores del Ecuador, conforme fue la resolución del IV Congreso, que lo nombró como Secretario General. Recogiendo el sentir y las exigencias del momento P.A.S. prepara para el Comité Nacional un documento de análisis y de organización titulado: “Los trabajadores del Ecuador y los problemas actuales” que, en relación requerimientos orgánicos, señalaba sus objetivos en los siguientes términos: “queremos que nuestro trabajo conduzca lo más rápidamente posible a un movimiento de agrupación de nuestras fuerzas, que comenzando por la formación de Federaciones Provinciales de Trabajadores allí donde no las hay o donde existan dos o más centrales de organizaciones el robustecimiento de las Federaciones existentes, por la unificación programática de todas las tendencias clasistas del país, hagan que muy pronto podamos saludar con orgullo la bandera de

 

 

 

 

 

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